Salve, oh, Gramsci
El estado guatemalteco que se estructuró a partir del movimiento de Reforma de 1971 y que cerró su ciclo con la Revolución de Octubre de 1944 fue parte de una forma social nucleada en torno al eje finquero-cafetalero. El desarrollo de la economía cafetalera fue resultado de una nueva articulación en el mercado mundial. La finca no fue únicamente un espacio económico o la unidad productiva de la economía cafetalera nacional, fue la unidad social más importante de la sociedad liberal guatemalteca, unidad donde se produce sociedad.
La expansión finquera, fomentada por el reparto agrario estatal, siguió la tendencia a su consolidación como el núcleo fundamental de la economía y las relaciones sociales en las siguientes décadas. Paralelamente se produjo una transformación de las regiones del país. Los departamentos más importantes llegaron a ser aquellos que se convirtieron un conjunto de latifundios agroexportadores. De igual manera que la transformación de las relaciones de propiedad la finca cafetalera demandó un cambio fundamental en las relaciones laborales. Este cambio se consiguió mediante la organización del trabajo forzado. Por un lado las grandes fincas se encargaron de “privatizar” grandes masas de trabajadores transformándolos en siervos mediante el sistema de peonaje. Según Parke Young el sistema de peonaje, efectivamente es semejante al sistema de la esclavitud y se presta a graves abusos. Los indígenas celebran un contrato de trabajo y reciben la habilitación en dinero. Una vez endeudados, quedan sujetos al patrono; con solvencia relativa a los jornales. Incluso forzaba la migración por temporadas.
Nosotros consideramos que el excedente producido era una categoría que expresa las relaciones serviles y la compulsión extraeconómica como relación fundamental de organización del trabajo y como ecuación de poder entre los terratenientes y el campesinado. Creemos que el crecimiento del volumen de la producción cafetalera se produjo gracias a la potenciación de la renta en trabajo. La mayor participación de la economía nacional en el mercado mundial fue uno de los factores determinantes de la potenciación y redefinición de las formas de organización del trabajo forzado. Es evidente que el volumen de la renta creció y que ese crecimiento implicó un cambio fundamental en la forma de organización del trabajo, pero no se tradujo en el trabajo asalariado.
El Estado capitalista requería de la proletarización en la definición y como un prerrequisito práctico para la creación de un mercado doméstico, la acumulación capitalista y la industrialización.los efectos son los siguientes: a) la inhibición de la racionalización de la producción por las relaciones precapitalistas y el monopolio del terrateniente sobre los recursos, b) la baja productividad y los bajos salarios con la consecuente reducción del crecimiento del mercado nacional; c) la inhibición del desarrollo capitalista al desviar los recursos hacia el ineficiente y monopolista sector agrario.
La expansión de la renta ligada a la producción cafetalera para el mercado mundial necesitó de formas de organización capitalista de la circulación del producto y de una inversión en infraestructura privada nacional. Eso implicó la expansión del capital comercial y financiero, así como la dependencia de los cafetaleros a casas comerciales controladas por extranjeros. Fue hasta la penetración significativa del capital extranjero en la esfera comercial y financiera cuando se crearon condiciones de reestructuración del sistema. Como consecuencia, el crédito se volvió más accesible para los finqueros nacionales, y el capital extranjero llegó a dominar la esfera comercial y financiera del país. El sector empresarial alemán pronto llegó a estar en el centro del sistema económico. Con capital alemán se fundaron los primeros bancos nacionales (Casaus).
El capital industrial estaba encapsulado dentro de la estructura dominada por la ecuación renta-capital comercial y financiero. En aquellas circunstancias era mucho más racional y lucrativo invertir para participar de la apropiación de la renta que invertir en la industria. El proceso de capitalización general de la economía nacional puede ser considerado resultado de una acumulación originaria, en el sentido de que sentó premisas materiales para un tránsito hacia el capitalismo, una acumulación previa al establecimiento del capitalismo como modo de producción dominante.
La evolución de la finca, posterior al 44, necesitó de un profundo cambio en el sistema financiero, en las formas de crédito, y de un clima que hizo posible el despliegue de una mayor valorización del suelo a partir de la diversificación productiva. La servidumbre se transformó en factor irracional cuando las condiciones de valorización del suelo cambiaron, cuando el control directo de fuerza de trabajo en grandes espacios tendió a ser sustituida por nuevos cultivos. El suelo se transformó en una categoría ya más directamente definida por el capital que por la función de retención de fuerza de trabajo servil para una economía comercial de escasa productividad y de considerables volúmenes exportables.
La finca fue el espacio donde se definió la fisonomía fundamental de las clases del país; las clases son objetivizaciones de relaciones sociales que a su vez constituyen un campo de intersubjetividad, un sistema social se encuentra estructurado por un campo discursivo simbólico donde las relaciones sociales aparecen legitimadas en normas, valores e instituciones.
La trama servil incluye la trama intersubjetiva de la constitución de las clases y el horizonte histórico moral de la dominación oligárquica y la identidad de la época liberal. Implica que el proceso de constitución de la clase dominante y de su ideología estuvo íntimamente ligado a la servidumbre como intersubjetividad.
Zavaleta Mercado dice que la unificación señorial de la sociedad, a diferencia de la derivada de un acto fundacional entre hombres libres, presupone de una interpelación ideológica conservadora y jerárquica como cemento cohesionador de la misma, y la internalización de este sistema valórico por parte del oprimido permite que el imaginario jerárquico, plasmado en la figura del señor, se constituya en parte de su identidad, así como el siervo en la de aquél.
La servidumbre fue parte de un hecho social como relación de explotación y como subjetividad plasmada en un ethos señorial y una cultura de la subalternidad campesina. La condición servil no era un hecho aceptado de forma natural por el indígena y el campesino privado de libertad. Otro elemento de la cultura subalterna en el campo fue la oposición al despojo agrario y a las habilitaciones. Las manifestaciones de conflicto se presentan como respuesta a los excesos de trabajo forzado, tiene características locales y su base es la comunidad, no presenta articulaciones y solidaridades horizontales. Las lealtades primordiales fueron formas dominantes de articulación de la acción colectiva dentro del campesinado indígena, y que el conflicto de clase aparece mediatizado por dicha forma. Había un encapsulamiento en la comunidad y una casi nula nacionalización como componentes de este tipo de subalternidad. La servidumbre agraria implicó un tipo de subalternidad definida por la reducción de las identidades al plano local y comunitario, el escaso desarrollo de un imaginario colectivo estructurado en torno a la noción de pueblo como parte de una identidad popular nacional cuyo núcleo fue la ciudadanía, la internalización de un universo jerárquico de valores donde la categoría de súbdito todavía tiene vigencia, la reproducción de un patrón fragmentado y esencialmente premoderno de conflicto.
Las acciones del poder político liberal estuvieron dirigidas a implementar un orden social nucleado en torno a las necesidades del sistema finquero emergente. La definición del Estado liberal como finquero colectivo se basa en la proyección del poder de la finca y del finquero al plano nacional, y la definición como un momento de la reproducción de un sistema social. En condiciones donde las líneas de poder remataban en la finca o el sistema de fincas nacional, la población rural habría quedado virtualmente convertida en patrimonio privado del hacendado. Como categoría política, el terrateniente sería la encarnación de un microestado. Ese principio se habría proyectado nacionalmente en tanto forma de poder y de estructuración estatal. La sociedad civil era fundamentalmente el conjunto de terratenientes y propietarios con sus ramificaciones patrimoniales extendidas al resto de las categorías sociales. El patrón político del liberalismo traducía los diversos planos de manifestación de la oligarquía como sociedad civil y como estado.
Las acciones del Estado liberal guatemalteco estuvieron determinadas por la forma social que dicho estado configuraba y reproducía. Desde el establecimiento de dictaduras con Barrios los gobiernos reprodujeron sistemáticamente el Estado liberal oligárquico, definido como la relación social, la estructura histórica, que hemos tratado de definir. Todos reprodujeron el sistema de la finca y la servidumbre como la forma fundamental de organización del trabajo; fueron elemento activo, el eje político estatal, de la estructura finca-renta-capital comercial/financiero en que se plasmó la hegemonía oligárquica del periodo liberal.
La relación social fundamental que explica al Estado oligárquico guatemalteco fue un obstáculo para la erección real de un Estado político. El capitalismo no puede desarrollarse como forma dominante sin el establecimiento de una estructura impersonal de poder. Gerstenberger plantea el papel del Estado en el desarrollo de la forma capitalista desde una perspectiva histórica, particularmente el papel de las estructuras impersonales de dominación; permite ver el problema de la revolución burguesa como una construcción a partir de ciertos condicionamientos; define estructuras del tipo del Antiguo Régimen basadas en la centralización del poder y la mercantilización de excedentes logrados mediante la dominación personal.
La finca cafetalera no puede ser entendida sin el Estado, ni la forma estatal, por sí misma, sino como parte constitutiva de las relaciones sociales definidas en aquel eje económico-social que era la finca. El estado era la forma política nacional de esa categoría, su totalización. La servidumbre se presenta como parte de la forma de Estado, mediada por la forma mercancía del café y el capital comercial y financiero.
Comentario
Los restos de la desarticulación y reestructuración de los ámbitos económicos, sociales, y políticos en Guatemala penetraron (como constituyentes) en el imaginario de la oligarquía guatemalteca, se manifiestan en el discurso liberal selectivo que servía de pantalla para la concepción señorial que, a toda costa, debía mantener su orden, su equidad, su racionalidad económica y su democracia. El inamovible status quo multidimensional sigue impidiendo transformaciones políticas, económicas, y sociales necesarias para la evolución de la sociedad. El gobierno tiene una estructura y una ideología tan débil que sirven los intereses económicos de las élites, con tantas raíces
Al ver la manera en que se desarrolló la economía hacia una renta precapitalista, capitalista incompleta (que también demuestra la perenne dependencia económica a la interacción comercial colonial); la necesidad de intervención extranjera para un sistema crediticio funcional, las fisonomías antagónicas de las clases; se evidencia, como detectó Montúfar la ausencia de racionalidad económica moderna en el sistema y el parasitismo como parte de la mentalidad de la élite terrateniente nacional que se limitaban a obtener una renta inmediata. No es de extrañarse que todo intento serio por modernizar los sistemas económicos y políticos termine siendo intenciones banales y/o estratégicas que resultan en meras improvisaciones.
El estado guatemalteco que se estructuró a partir del movimiento de Reforma de 1971 y que cerró su ciclo con la Revolución de Octubre de 1944 fue parte de una forma social nucleada en torno al eje finquero-cafetalero. El desarrollo de la economía cafetalera fue resultado de una nueva articulación en el mercado mundial. La finca no fue únicamente un espacio económico o la unidad productiva de la economía cafetalera nacional, fue la unidad social más importante de la sociedad liberal guatemalteca, unidad donde se produce sociedad.
La expansión finquera, fomentada por el reparto agrario estatal, siguió la tendencia a su consolidación como el núcleo fundamental de la economía y las relaciones sociales en las siguientes décadas. Paralelamente se produjo una transformación de las regiones del país. Los departamentos más importantes llegaron a ser aquellos que se convirtieron un conjunto de latifundios agroexportadores. De igual manera que la transformación de las relaciones de propiedad la finca cafetalera demandó un cambio fundamental en las relaciones laborales. Este cambio se consiguió mediante la organización del trabajo forzado. Por un lado las grandes fincas se encargaron de “privatizar” grandes masas de trabajadores transformándolos en siervos mediante el sistema de peonaje. Según Parke Young el sistema de peonaje, efectivamente es semejante al sistema de la esclavitud y se presta a graves abusos. Los indígenas celebran un contrato de trabajo y reciben la habilitación en dinero. Una vez endeudados, quedan sujetos al patrono; con solvencia relativa a los jornales. Incluso forzaba la migración por temporadas.
Nosotros consideramos que el excedente producido era una categoría que expresa las relaciones serviles y la compulsión extraeconómica como relación fundamental de organización del trabajo y como ecuación de poder entre los terratenientes y el campesinado. Creemos que el crecimiento del volumen de la producción cafetalera se produjo gracias a la potenciación de la renta en trabajo. La mayor participación de la economía nacional en el mercado mundial fue uno de los factores determinantes de la potenciación y redefinición de las formas de organización del trabajo forzado. Es evidente que el volumen de la renta creció y que ese crecimiento implicó un cambio fundamental en la forma de organización del trabajo, pero no se tradujo en el trabajo asalariado.
El Estado capitalista requería de la proletarización en la definición y como un prerrequisito práctico para la creación de un mercado doméstico, la acumulación capitalista y la industrialización.los efectos son los siguientes: a) la inhibición de la racionalización de la producción por las relaciones precapitalistas y el monopolio del terrateniente sobre los recursos, b) la baja productividad y los bajos salarios con la consecuente reducción del crecimiento del mercado nacional; c) la inhibición del desarrollo capitalista al desviar los recursos hacia el ineficiente y monopolista sector agrario.
La expansión de la renta ligada a la producción cafetalera para el mercado mundial necesitó de formas de organización capitalista de la circulación del producto y de una inversión en infraestructura privada nacional. Eso implicó la expansión del capital comercial y financiero, así como la dependencia de los cafetaleros a casas comerciales controladas por extranjeros. Fue hasta la penetración significativa del capital extranjero en la esfera comercial y financiera cuando se crearon condiciones de reestructuración del sistema. Como consecuencia, el crédito se volvió más accesible para los finqueros nacionales, y el capital extranjero llegó a dominar la esfera comercial y financiera del país. El sector empresarial alemán pronto llegó a estar en el centro del sistema económico. Con capital alemán se fundaron los primeros bancos nacionales (Casaus).
El capital industrial estaba encapsulado dentro de la estructura dominada por la ecuación renta-capital comercial y financiero. En aquellas circunstancias era mucho más racional y lucrativo invertir para participar de la apropiación de la renta que invertir en la industria. El proceso de capitalización general de la economía nacional puede ser considerado resultado de una acumulación originaria, en el sentido de que sentó premisas materiales para un tránsito hacia el capitalismo, una acumulación previa al establecimiento del capitalismo como modo de producción dominante.
La evolución de la finca, posterior al 44, necesitó de un profundo cambio en el sistema financiero, en las formas de crédito, y de un clima que hizo posible el despliegue de una mayor valorización del suelo a partir de la diversificación productiva. La servidumbre se transformó en factor irracional cuando las condiciones de valorización del suelo cambiaron, cuando el control directo de fuerza de trabajo en grandes espacios tendió a ser sustituida por nuevos cultivos. El suelo se transformó en una categoría ya más directamente definida por el capital que por la función de retención de fuerza de trabajo servil para una economía comercial de escasa productividad y de considerables volúmenes exportables.
La finca fue el espacio donde se definió la fisonomía fundamental de las clases del país; las clases son objetivizaciones de relaciones sociales que a su vez constituyen un campo de intersubjetividad, un sistema social se encuentra estructurado por un campo discursivo simbólico donde las relaciones sociales aparecen legitimadas en normas, valores e instituciones.
La trama servil incluye la trama intersubjetiva de la constitución de las clases y el horizonte histórico moral de la dominación oligárquica y la identidad de la época liberal. Implica que el proceso de constitución de la clase dominante y de su ideología estuvo íntimamente ligado a la servidumbre como intersubjetividad.
Zavaleta Mercado dice que la unificación señorial de la sociedad, a diferencia de la derivada de un acto fundacional entre hombres libres, presupone de una interpelación ideológica conservadora y jerárquica como cemento cohesionador de la misma, y la internalización de este sistema valórico por parte del oprimido permite que el imaginario jerárquico, plasmado en la figura del señor, se constituya en parte de su identidad, así como el siervo en la de aquél.
La servidumbre fue parte de un hecho social como relación de explotación y como subjetividad plasmada en un ethos señorial y una cultura de la subalternidad campesina. La condición servil no era un hecho aceptado de forma natural por el indígena y el campesino privado de libertad. Otro elemento de la cultura subalterna en el campo fue la oposición al despojo agrario y a las habilitaciones. Las manifestaciones de conflicto se presentan como respuesta a los excesos de trabajo forzado, tiene características locales y su base es la comunidad, no presenta articulaciones y solidaridades horizontales. Las lealtades primordiales fueron formas dominantes de articulación de la acción colectiva dentro del campesinado indígena, y que el conflicto de clase aparece mediatizado por dicha forma. Había un encapsulamiento en la comunidad y una casi nula nacionalización como componentes de este tipo de subalternidad. La servidumbre agraria implicó un tipo de subalternidad definida por la reducción de las identidades al plano local y comunitario, el escaso desarrollo de un imaginario colectivo estructurado en torno a la noción de pueblo como parte de una identidad popular nacional cuyo núcleo fue la ciudadanía, la internalización de un universo jerárquico de valores donde la categoría de súbdito todavía tiene vigencia, la reproducción de un patrón fragmentado y esencialmente premoderno de conflicto.
Las acciones del poder político liberal estuvieron dirigidas a implementar un orden social nucleado en torno a las necesidades del sistema finquero emergente. La definición del Estado liberal como finquero colectivo se basa en la proyección del poder de la finca y del finquero al plano nacional, y la definición como un momento de la reproducción de un sistema social. En condiciones donde las líneas de poder remataban en la finca o el sistema de fincas nacional, la población rural habría quedado virtualmente convertida en patrimonio privado del hacendado. Como categoría política, el terrateniente sería la encarnación de un microestado. Ese principio se habría proyectado nacionalmente en tanto forma de poder y de estructuración estatal. La sociedad civil era fundamentalmente el conjunto de terratenientes y propietarios con sus ramificaciones patrimoniales extendidas al resto de las categorías sociales. El patrón político del liberalismo traducía los diversos planos de manifestación de la oligarquía como sociedad civil y como estado.
Las acciones del Estado liberal guatemalteco estuvieron determinadas por la forma social que dicho estado configuraba y reproducía. Desde el establecimiento de dictaduras con Barrios los gobiernos reprodujeron sistemáticamente el Estado liberal oligárquico, definido como la relación social, la estructura histórica, que hemos tratado de definir. Todos reprodujeron el sistema de la finca y la servidumbre como la forma fundamental de organización del trabajo; fueron elemento activo, el eje político estatal, de la estructura finca-renta-capital comercial/financiero en que se plasmó la hegemonía oligárquica del periodo liberal.
La relación social fundamental que explica al Estado oligárquico guatemalteco fue un obstáculo para la erección real de un Estado político. El capitalismo no puede desarrollarse como forma dominante sin el establecimiento de una estructura impersonal de poder. Gerstenberger plantea el papel del Estado en el desarrollo de la forma capitalista desde una perspectiva histórica, particularmente el papel de las estructuras impersonales de dominación; permite ver el problema de la revolución burguesa como una construcción a partir de ciertos condicionamientos; define estructuras del tipo del Antiguo Régimen basadas en la centralización del poder y la mercantilización de excedentes logrados mediante la dominación personal.
La finca cafetalera no puede ser entendida sin el Estado, ni la forma estatal, por sí misma, sino como parte constitutiva de las relaciones sociales definidas en aquel eje económico-social que era la finca. El estado era la forma política nacional de esa categoría, su totalización. La servidumbre se presenta como parte de la forma de Estado, mediada por la forma mercancía del café y el capital comercial y financiero.
Comentario
Los restos de la desarticulación y reestructuración de los ámbitos económicos, sociales, y políticos en Guatemala penetraron (como constituyentes) en el imaginario de la oligarquía guatemalteca, se manifiestan en el discurso liberal selectivo que servía de pantalla para la concepción señorial que, a toda costa, debía mantener su orden, su equidad, su racionalidad económica y su democracia. El inamovible status quo multidimensional sigue impidiendo transformaciones políticas, económicas, y sociales necesarias para la evolución de la sociedad. El gobierno tiene una estructura y una ideología tan débil que sirven los intereses económicos de las élites, con tantas raíces
Al ver la manera en que se desarrolló la economía hacia una renta precapitalista, capitalista incompleta (que también demuestra la perenne dependencia económica a la interacción comercial colonial); la necesidad de intervención extranjera para un sistema crediticio funcional, las fisonomías antagónicas de las clases; se evidencia, como detectó Montúfar la ausencia de racionalidad económica moderna en el sistema y el parasitismo como parte de la mentalidad de la élite terrateniente nacional que se limitaban a obtener una renta inmediata. No es de extrañarse que todo intento serio por modernizar los sistemas económicos y políticos termine siendo intenciones banales y/o estratégicas que resultan en meras improvisaciones.
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